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Proskuneo

  • Foto del escritor: Yoshimi Horiuchi
    Yoshimi Horiuchi
  • 5 may
  • 3 Min. de lectura

Proskuneo es la palabra griega en el Nuevo Testamento que más veces se traduce como “adorar”. Después de Apocalipsis, Mateo es el segundo libro en el que más veces encontramos esta palabra que, por su etimología, hace referencia a un perro lamiendo o besando la mano de su amo. En la mayoría de sus usos en el N.T. vemos un reconocimiento público en respuesta al poder de Dios, acompañado de una expresión física de profunda reverencia hacia Él.

 

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Llama la atención que la primera vez que aparece proskuneo (adorar) en el Nuevo Testamento, es en boca de extranjeros, los magos que vinieron de oriente para conocer al Rey de los judíos.

 

“-Diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.” -Mateo 2:2

 

“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” -Mateo 2:11

 

La segunda ocasión que el evangelio de Mateo usa la palabra “adorar” Es cuando Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto y fue tentado por Satanás.

 

“-Y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. -Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” Mateo 4:9-10

Cabe mencionar que esta escena ocurre después de que Jesús se identificó con nosotros en el bautismo. De igual manera es importante observar que fue guiado al desierto por el Espíritu Santo y fue tentado y probado igual que nosotros somos guiados por el Espíritu en un mundo lleno de vanagloria.

 

¿A quién adoramos y a quién servimos?


Jesús nos ha dejado ejemplo para que también nosotros adoremos sólo al Padre y sólo a Él le sirvamos.

Nuestro Dios demanda de nosotros absoluta lealtad a su Señorío. ¡Póstremonos ante su gloria y majestad cada momento de nuestra vida!.

 

Adorarle es mostrar una sumisión total a su voluntad; es rendirnos por completo a Él en obediencia. Es reverenciar su nombre en toda ocasión. Es menguar para que el crezca, es morir para que el viva. Es reconocerlo como Señor y Rey. Es amarle como suficiente Salvador.

 

En Apocalipsis, Juan ve una multitud de todas naciones y lenguas proclamando: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Ap.7:9-10). Solo a Cristo le pertenece la salvación, de tal forma que cuando la recibimos y la experimentamos, respondemos de forma natural adorándole.

 

“Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios.” Apocalipsis 7:11

 

También la “mujer samaritana” tenía preguntas genuinas acerca de la verdadera adoración. Así que Jesús le responde:

 

"Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.” -Juan 4:22-23

 

En resumen “proskunei”, es un acto continuo de humillación, de reverencia, de sumisión. Es la respuesta por haber sido rescatados como si hubiéramos sido perros vagabundos y ahora lavados, desparasitados y viviendo en el palacio del rey.

Adoramos a Dios cuando vivimos delante de su presencia obedeciéndole y haciendo lo que a Él le agrada.


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