Id y haced discípulos
- Karina Herrerías
- 10 feb
- 3 Min. de lectura
La Biblia nos enseña que, antes de que Jesús volviera al cielo, dejó instrucciones precisas a sus discípulos: predicar el evangelio a otros. Además, prometió que no nos dejaría solos, sino que enviaría a Su Espíritu para llenarnos de Él y habitar dentro de nosotros. Su Espíritu nos daría poder y dones para hablar a otros de Su gran amor (Lucas 24:49). Así comenzó la proclamación de la salvación mediante la fe en Jesucristo.

"Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." -Mateo 28:19-20
La Biblia no usa la palabra "iglesia" para describir un edificio. En el texto original del Nuevo Testamento, la palabra traducida como "iglesia" es el término griego ekklesia, que significa "los llamados". Es decir, la iglesia se refiere a una comunidad, a todos los creyentes en el mundo: personas reconciliadas con Dios, que se han arrepentido de su pecado, han creído en Jesús como su Salvador y en quienes el Espíritu Santo vive y reina. Desde el punto de vista bíblico, no se trata de "ir a la iglesia"... ¡nosotros somos la iglesia!
La Biblia nos llama Su cuerpo: Jesús es la cabeza, y todos los creyentes somos miembros de Su cuerpo, cada uno con diferentes funciones. Hay diversidad de tareas, por lo que también tenemos diversidad de talentos, pero cada uno de nosotros es igualmente importante para la obra de nuestro Señor Jesucristo y el cumplimiento de Su perfecto plan.
Para lograr este plan, Jesús nos enseña que todas las partes del cuerpo de Cristo están unidas. Debemos servir juntos en unidad, preocupándonos unos por otros y amándonos mutuamente.
"Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo." -Efesios 4:15-16
La iglesia de Cristo tiene un papel fundamental en la reconciliación del mundo con Dios mediante tres ministerios:
Adoración: Jesús es santo y bueno. Él es el creador del mundo y quien nos ha salvado. Es el único que merece nuestra alabanza y adoración. Podemos adorarlo con cantos de júbilo o en silencio, con las manos levantadas o con la cabeza inclinada, de pie o postrados de rodillas, pero siempre meditando en Su bondad, Su misericordia y Su grandeza.
Comunión: Primero, la comunión de la iglesia con Dios, mediante el estudio de Su Palabra y la oración. Y también la comunión unos con otros: animándonos, perdonándonos, ayudándonos y orando los unos por los otros, a fin de que cada uno crezca en el conocimiento de Jesús y sea cada día más como Él. ¡Todos los creyentes buscando parecernos más a Jesús!
"No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca." -Hebreos 10:24
Evangelización: Jesús nos capacita por medio de Su Espíritu para compartir con otros las buenas nuevas de salvación. Nos da dones y talentos para ponerlos al servicio de Su obra, con el propósito de que muchos sean alcanzados y la iglesia de Cristo crezca para Su gloria.
Recientemente celebramos el aniversario número 14 de Calvary Norte, y nuestros corazones rebosan de agradecimiento. En estos años hemos visto con claridad Su mano poderosa en esta, Su iglesia. ¡Aleluya! por cada nota elevada en Su nombre y cada porción predicada, por el impacto que ha causado, por la gracia de Su Santo Espíritu en cada uno de nuestros corazones.
Amados hermanos, hoy oramos para que Dios continúe llenando nuestras vasijas de Su Santo Espíritu y nos fortalezca para seguir perseverando en el conocimiento de Su Palabra y en la comunión unos con otros. Que con diligencia reconozcamos y sirvamos en la gran comisión de compartir con el mundo las buenas nuevas de salvación. Que nos permita, con fidelidad, dar gloria y honra al único que lo merece: nuestro Señor y Salvador Jesucristo, todos los días, hasta que estemos ante Su presencia.
