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Grande es nuestro Dios

  • Foto del escritor: Rubén González
    Rubén González
  • 16 jun
  • 2 Min. de lectura

Tal vez, así como a mí me ha sucedido, te pudo haber pasado. Cuando estamos en alguna circunstancia adversa, nuestra mente se engancha y arrastra todos nuestros pensamientos hacia aquello que nos inquieta. Y cuando es algo doloroso, sentimos que todo nuestro cuerpo se debilita también.


La lista es larga: deudas, enfermedades, tristezas y situaciones de angustia. Cualquiera de esas cosas —y más—, en nuestra mente, nos pone en un estado de desesperanza, que es sinónimo de pesimismo, desánimo, desesperación, y desde luego: ansiedad, angustia y miedo.


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El Salmo 77, cuyo autor es Asaf, inicia con una descripción de lo que le estaba pasando al autor, algo muy similar a lo que antes describimos. El verso 2 narra lo que Asaf sentía y concluye: “mi alma rehusó a ser consolada.” Era tan grande el dolor y la angustia que sentía el salmista, que al final no quiso ayuda de nadie, incluso de Dios.


Sin embargo, el Señor le concedió una idea, una chispa que hizo borrar de su mente todo eso que le afectaba: Dios puso en sus pensamientos preguntas precisas:

"¿Desechará el Señor para siempre, ¿Y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah (pausa y medita)." -Salmo 77:7-9

Estas preguntas le hacen ver al autor lo que debía hacer en el momento que más angustia sentía: acordarse de las bondades de Dios. Entonces Asaf regresa de su dolor y expresa en los versos 10 al 13:

"Dije: Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos."

Y concluye el salmista alabando a Dios:

"Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?"

Nota cómo pasamos muchas veces por desesperación, pero al recordar las grandezas de nuestro Dios, nuestro corazón y mente alcanzan la paz.


Hermano, hermana, seguramente te ha tocado pasar por momentos malos, en donde tus pensamientos y tu corazón se llenan de miedo y angustia.

Hagamos como Asaf: llena tu mente de pensamientos de Dios, acuérdate de Él en todo momento y alábalo, pues ¡grandes son Sus maravillas!

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