Avivamiento
- Arcadio Dardón
- 28 abr
- 2 Min. de lectura
En días pasados estuve con amigos disfrutando un tiempo de oración y compañerismo alrededor de una fogata. Observaba cómo al pasar el tiempo el fuego iba consumiéndose y era necesario avivarlo; se le tiraban las ramas y el fuego de nuevo crecía. Pasaba un rato y, de nuevo, con la misma rutina, hasta que no hubo más ramas y el fuego se apagó, quedando solo la brasa.

Nuestra vida alrededor de Cristo es similar: podemos estar con una fe muy avivada y, de repente, empezar a apagarnos.
En la Palabra de Dios podemos leer cómo Pablo aconseja a Timoteo:
“No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio” -1 Timoteo 4:14
Es posible que Timoteo descuidó el don que tenía, por lo cual Pablo le exhorta a cuidar eso. Por imposición de manos Timoteo había sido ordenado por Pablo para el ministerio.
También leemos más adelante lo siguiente:
“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” -2 Timoteo 1:6
Pablo aconseja a Timoteo avivar el fuego, posiblemente porque estaba dejando que se fuera apagando y era necesario un avivamiento.
No estamos exentos de que no pasemos por una etapa así; necesitamos ese fuelle que avive nuestra relación con Dios, y pudiera ser que por descuido la intimidad con nuestro Señor sea solo como una brasa que se apaga. Dos motivos nos pueden llevar a esa situación:
1. La carne
2. El mundo
Si tú, mi hermano, estás pasando por esto, regresa a tu primer amor, aviva tu fuego, tu fe. No hay una fórmula complicada para esto; simplemente necesitas lo siguiente:
1.- Leer la Palabra
2.- Orar
3.- Comunión con los creyentes
4.- Adoración a nuestro Señor
Para mantener el fuego avivado en nuestros corazones necesitamos estar cercanos a la fuente.
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” -Romanos 8:38-39
Dios te bendiga, hermano.
